domingo, 19 de marzo de 2017

Crónicas desde el cascarón #2

Así que se repite la historia, otro hueco más entre una publicación y otra, no hay ninguna regularidad aquí. Lo sé.
El plan era embarcarme, entre otras cosas, en el #Escritura2017; pero como suele suceder, las cosas no salen como fueron planeadas. Salió la oportunidad de tomar un curso y curarme ciertas heridas interiores, a pesar de que auguro un éxito efímero ahí estoy tomando un curso que dará sus frutos en junio próximo. Así pues, estoy hasta las orejas, en una rutina que apenas puedo sobrellevar: trabajo-escuela-hogar y todo lo que ser madre-esposa-amadecasa-empleada involucra. Realmente los fines de semana, breves de por sí, no me rinden y aunque lucho por mantenerme escribiendo aunque sea poco, hay días en los que no doy más y simplemente me gana el cansancio. Intento mantenerme en el juego un tuit a la vez, ya que para mí Twitter ha sido por mucho tiempo el lugar donde le doy rienda suelta a la imaginación. Tengo un montón de borradores, eso sí, aunque sinceramente empiezo a pensar que sería mejor eliminarlos, hace meses no trabajo en algunos de ellos, así que están fríos por completo.
Lo sé, escribo para justificar por qué no he escrito nada, aunque nadie me pida una explicación. Escribo porque me hace falta y aunque lo que más quiero es contar historias, más no la mía, es ésta la que está más a mano.
Al menos puedo decir que estoy de vuelta, algo ha pasado en estos meses, algo pasó que movió el interruptor correcto y mi corazón volvió a latir, no hablo del amor, hace tiempo él y yo estamos en paz. No sé explicarlo, pero lo más acertado sería decir que me reencontré, me pierdo a cada rato, así que voy a aprovechar mientras dure.

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