lunes, 11 de abril de 2016

El diablo

El demonio entró en la iglesia, sigiloso, miraba cuidadosamente cuando entre la gente la encontró. La pequeña rezaba con devoción a una figura del Sagrado Corazón. Él se acercó despacio, y le susurró al oído las más sucias y profanas ideas. La niña escuchaba, con el pulso acelerado, conteniendo la respiración, corrió a esconderse.

El sacerdote encontró halló a la niña en el confesionario, desnuda de la cintura para abajo y usando una vela para masturbarse. A pesar de mostrarse horrorizado la reacción de su cuerpo decia lo contrario.

-No te vayas -dijo la niña en un suspiro y lo atrajo hacia sí.

El espacio era  reducido pero aun así él pudo contemplar cera escurriendo entre las piernas de la chica. Él intento alejarse pero muy dentro de sí deseaba lo contrario, dejó que la jugosa y casi infantil boca tocara sus añejos labios. Se abandonó al placer de la carne, dejando que las inexpertas manos lo guiaran por una tiernísima piel, tan cálida y suave: la amaba, la odiaba, quería besarla con pasión, quería morderla, desgarrarla y después pedirle perdón. Arranco sus ropas y las de ella. Dejó que su instinto tomara el control, sintió como la niña tomaba su miembro entre las manos y de un modo casi violento tomó la cara de la chica para obligarla a chuparlo, ella lo hizo con avidez. La levantó de las axilas y finalmente la penetró, ella gemía dulcemente, a él no le importaba si alguien podía escucharlos, aunque el párroco estaba casi seguro de que estaban solos la simple idea de que alguien los viera lo excitaba mucho más.

Sara, una mujer mayor y muy devota, escuchó un ruido extraño y lentamente se acercó al confesionario, por la puerta entreabierta alcanzó a distinguir al sacerdote y a una joven fornicando. Se sintió indignada, furiosa.

El ritmo del vaivén aumentó.

-¡Mátalos!- le dijo la voz a Sarita

La chica reaccionó, como si despertara en medio de una pesadilla.

-¡Basta, déjame!- Imploró.

El hombre aumentó la intensidad.

-¡Suéltame, por favor!- Seguía llorando ella.

Tapó la boca de la joven y, en un instante, dejó fluir años de abstinencia fuera de sí sintiendo placer infinito condensado en un segundo.

Sara enmudeció, no podía creer lo que pasaba.

-¡Mátalos de una buena vez!- Le ordenó la extraña voz.

Dio vuelta y golpeó con el bastón la base de un cirio, provocando que éste cayera en dirección al confesionario. Las cortinas ardieron rápidamente, el fuego se extendió con voracidad. El sacerdote y la chica morirían, Sara estaba satisfecha.

Los periódicos locales glorificaron al religioso, al pensarse que con su cuerpo había intentado proteger a la niña y que había sido una desgracia que murieran calcinados, él tan bueno, ella tan inocente.

Solo Sara supo la verdad pero a nadie la contó, ni siquiera cuando días después comenzó a tener sueños horribles de amantes calcinados que la invitaban a formar un trío.


domingo, 27 de marzo de 2016

Escritores que solo quieren escribir


Desde que tengo memoria he querido escribir ¿Entonces, qué chingados pasó? Pasa de todo un poco, a veces nos enfrascamos en la rutina, mientras paseamos ese hueco en el pecho y lo vamos haciendo más grande, porque no debe importar mucho si estamos cumpliendo en equis, ye y zeta, ¿No? Y por más que uno se lo repite no se termina de convencer. Nos pasamos la vida coleccionando etiquetas y colgándolas de nuestro cuello como si de amuletos se tratasen, o eres muy joven o muy vieja,  que si gorda, que si flaca, madresposaempleadamadecasa y una larga lista. Al final debajo de todo eso quedo yo y estas ganas de escribir que muy probablemente ni se noten. 

Hay de intenciones a intenciones, una cosa es querer ir al gimnasio, pagarlo y nunca ir y otra querer compartir eso que te hace sentir vivo y dejarlo botado, entre otras cosas, por miedo. Así, haciendo un ejercicio de honestidad me descubrí navegando por la vida con aspiraciones de león y actitud de ratón, de esos que no están encarrerados, mal ahí. Pues bien, incluso las batallas personales requieren ayuda de vez en cuando, así por casualidad fui a dar con el Manifiesto de los escritores que solo quieren escribir y con el proyecto Tinta Chida. 


Tinta Chida es un proyecto que busca apoyar a los escritores, de proporcionar consejos y hacer comunidad entre los que tenemos amor por la escritura, es un proyecto que además tiene una meta: demostrar que es posible ganarse la vida escribiendo y dejar atrás los mitos que rodean este bello oficio. Por que si hay gente que se gana la vida tomando fotografías, dibujando y haciendo cosas bien chingonas ¿tendría que ser distinto para un escritor? Para eso está la banda de Tinta Chida, finalmente nadie nace con un borrador bajo el brazo, ningún ganador del Nobel llegó a este mundo con el conocimiento precargado, ningún atleta se hizo de un día para otro, todos tenemos que comenzar en algún punto, escuchar consejos y aprender de alguien más y qué mejor que hacerlo en compañía de personas que sienten lo mismo que uno y ha decidido embarcarse en el mismo viaje. Estoy muy contenta y agradecida con Tinta Chida, que me ha dado un nuevo impulso, si bien ya se nos termina el primer trimestre del año, no pienso perder más tiempo, por eso he decidido desempolvar el blog y dedicarle unas líneas al proyecto. No dejen de visitar Tinta Chida porque tiene mucho que ofrecer, espero que sea tan útil como lo ha sido para mí.  

jueves, 24 de septiembre de 2015

Deseo

Sonia despertó al escuchar que la llamaban suavemente, abrió los ojos y pudo reconocer a sus padres sentados en el borde de la cama.

-¡Feliz cumpleaños, princesa! -dijo su padre.
-¡Felicidades, mi niña!-dijo su madre. Ambos la rodearon en un cálido abrazo.
-Debo ir a trabajar, te veo en la tarde -dijo su padre y la besó, luego a su madre.

Cumplía trece años, estaba feliz, había esperado tanto este día: hoy su padre sí las acompañaría, en el pasado por el trabajo que tenía viajaba mucho y los últimos cumpleaños, tanto de su madre como suyos, los había pasado lejos de ellas. Ahora era distinto, si bien en el trabajo actual su padre ganaba menos, siempre tenía tiempo para ellas, y eso, bien sabían, valía más que cualquier cosa en el mundo.

Se levantó y se alistó para ir a la escuela, ¡Cómo le  habría gustado no ir! Pero mamá no le dejaba faltar a menos que fuera necesario, eso estaba bien, pensaba.

Mejor día no podría haber sido, pensó mientras volvía del colegio, "qué suerte ir en el taller de cocina" pensó al recordar la sorpresa que le prepararon sus compañeros. En la clase de arte todos sus compañeros le hicieron una tarjeta, verdaderamente se sentía afortunada de estar rodeada de tanta gente que la apreciaba.

Esa tarde el regalo de mamá fue llevarla a comer pizza, fueron a caminar al parque, comieron helado, miró a los niños jugar y pensó en lo mucho que le hacía falta su padre cuando salía de viaje. Pero hoy era diferente, hoy llegaría temprano y además le había prometido un regalo especial. Estaba muy emocionada.

Al regresar a casa su tía y su abuela la esperaban, había algunos globos en las paredes y al centro de la mesa un pastel.

-¡Abue, tía! -Saludo, mientras corría a abrazarlas.

"Este día mejora cada vez más" pensó llena de satisfacción.

Eran cerca de las seis cuando sonó el teléfono, su madre atendió.

-Diga... Sí, está bien, con mucho cuidado amor -colgó- era tu papá, viene un poco retrasado, hay tráfico, dijo que vayamos partiendo el pastel, ya está cerca, tuvo que pasar a otro lado antes -dijo y guiñó el ojo a Sonia.

"Mi regalo" pensó ella y sintió emoción.

Como su padre no debía tardar y a petición suya empezaron a cantar "Las mañanitas" preparando el terreno para partir el pastel.

-Pide un deseo -le dijo su madre justo antes de que apagara las velas.

Cerró los ojos y con mucha fe formuló un deseo para sí. Apagó las velas y su madre comenzó a partir el pastel. Sonó nuevamente el teléfono.

-Amor, ya estamos partiendo el pastel -dijo apenas descolgó el auricular, pero un par de segundos después se le borró la sonrisa, se puso pálida- Entiendo, gracias, voy para allá -colgó y se dirigió a su hija con los ojos anegados y la voz ahogada- tu papá tuvo un accidente.
-¿Accidente? ¿Mamá, cómo que un accidente? ¿Está bien? ¿Mamá?

Los segundos fueron eternidad en la espera de respuestas.

-Fue un choque, mi niña, lo hemos perdido, perdimos a tu padre -dijo sin poder contener el llanto, las fuerzas le faltaron y cayó de rodillas- lo hemos perdido...

-¡No, no es justo! ¡Papá! ¡Papacito! -no pudo contenerse más y se unió al llanto de su madre mientras la abrazaba.

Todo daba vueltas a su alrededor, ya no pudo decir nada, un nudo en la garganta le asfixiaba, su padre había muerto en su cumpleaños. Su abuela la abrazó, le ayudó a incorporarse y sentarse en el sillón, su tía ayudó a su madre.

-Abuela, quiero a mi papá, abuela, abuela... -su abuela la abrazó.
-Mamá, tengo que salir, cuida a Sonia, por favor -dijo su madre mientras lloraba,  alterada, buscaba en su bolsa casi ausente de sí.
-Ándale mijita, con mucho cuidado, no te preocupes, me quedo con la niña -le dijo mientras la abrazaba- tienes que ser muy fuerte, por tu hija y por ti -le dijo casi en susurro, la abuela también lloraba.

Sonia lloró, lloró mucho hasta caer rendida, se durmió en el sillón. Al final estaba tan cansada por el llanto que no supo en qué momento ni cómo había llegado a su cama.

Al día siguiente escuchó a su madre llamarla suavemente. Abrió los ojos y vio a sus padres.

-Tuve un sueño horrible -dijo.
-No te preocupes, nena, todo está bien -dijo su madre sonriendo.
-¡Feliz cumpleaños, princesa! -exclamo su padre y al escucharlo el corazón le dio un vuelco, recordó su deseo de cumpleaños: "Que este día nunca termine"




sábado, 24 de enero de 2015

Antinatural

Fabián pasó un día sobre una plancha de acero hasta que su familia acudió a confirmar su identidad.

Los preparativos fueron rápidos, la familia pronto se reunió en ese sombrío lugar.

Ofelia llegó acompañada por su madre, el ambiente era tenso, la tristeza era palpable en cada rincón. Trataba, sin éxito, de entender por qué las cosas eran así. Fabián era su amigo desde hacía tres años, había un largo camino por recorrer y sin embargo ahora tendría que hacerlo sola.

No entendía...

Miraba a su madre hablar con la mamá de Fabián, abrazarla, intentar consolarla.

Alguien dijo por lo bajo "Deberíamos cerrar la tapa" mientras señalaba discretamente el ataúd.

-¡Déjenlo así!- gritó la mamá de Fabián- a él nunca le gustó la oscuridad, él nunca... - Pero el llanto se apoderó de ella, sus rodillas no lograron sostenerla.

Ofelia miraba callada, sabía que estaban ahí para despedirse, sabía que no es fácil despedirse de alguien que uno quiere, más aún cuando la despedida es para siempre.

Las caras mostraban cansancio y dolor. El tiempo transcurría lento, aplastando con todo su peso a los ahí presentes. Todos sabían que el momento estaba cada vez más cerca, un adiós coronado de flores.

La camioneta llegó, era tiempo de dejar ir a Fabián, de acompañarlo al sitio donde había de descansar. Uno a uno se fueron acercando para guardar una última y dolorosa estampa. Ofelia tomó la mano de su madre para sentirse protegida, su madre quiso frenar su marcha pero Ofelia insistió en avanzar.

Un paso, el corazón latía fuerte. Dos pasos, los nervios se apoderaron de ella. Tres pasos, cuatro pasos...

Llegó a un costado del féretro, posó un momento su mirada, un breve momento, casi lleno de arrepentimiento. Miró el cuerpo de su amigo, muy a pesar del maquillaje se apreciaban los golpes, el rostro maltratado.

Se cerró la tapa. Fabián emprendía un viaje sin retorno dentro de una caja de madera. Dos días antes un borracho lo había atropellado y dejado a su suerte, pasó todo un día sobre una plancha de acero.

El ataúd bajó, la tierra fue cubriéndolo poco a poco.

-¡Un niño no debería morir!-Dijo Ofelia mientras le ahogaba el llanto y abrazaba a su madre.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Microcuento fuera de lugar.

Últimamente no sé casi nada...


-Tranquilo, nadie tiene por qué salir lastimado. Todo se puede arreglar- Dijo nerviosamente el escritor al ver a aquél hombre, su personaje, tan decido. Había escapado del libro para impedir que llegara su final.
Al día siguiente encontraron al escritor muerto, sobre las hojas de lo que sería el final de su novela...


viernes, 31 de enero de 2014

Tanto silencio.

Ella lo sabe: la miro, la cuido, la acompaño tanto como puedo. Pero tiene que salir, tiene que ser fuerte, tiene que vivir sin mi. Somos una misma cosa, como una maleta con doble fondo. Es raro. Mientras ella intenta dormir, yo estoy aquí, tan cerca que alcanzo a rozar su piel con la yema de mis dedos. Fumo un cigarro mientras miro al cielo, buscando esa misma respuesta que no llega y que nunca llegará. ¿Quién ha decidido jugar de este modo con nosotros? No lo sé. Lo cierto es que yo no sería nada sin ella, sin esa pequeña parte de su energía que me dedica constantemente y al revés, ella no es nada sin mí, me lleva anclado en sus ideas, en sus sueños. Somos el yin y el yang, algo así. Nos necesitamos, nos complementamos. Es una pena que en ocasiones entre nosotros exista tanto silencio...

jueves, 31 de octubre de 2013

La casa embrujada

Para las alas de mi avión, gracias por darme motivos para seguir soñando.


Hacía unos 6 meses que los Tejeda habían dejado su casa, así sin más, de un día para otro. Al principio nadie lo había notado, los Tejeda no eran la familia más sociable de la calle, algunos vecinos creían incluso que se habían ido de vacaciones, pero con el correr de los días y la ausencia de movimiento en la casa despertaron los rumores: que si habían tenido un accidente, que si eran del crimen organizado y estaban prófugos, que si debían dinero... En fin, lo único cierto es que no se les vio más.

-Dicen que la casa está embrujada, que la última noche que pasaron ahí, fue tan horrible que decidieron abandonar la casa- comenzó a decir Luis de la nada.
-¿Qué?- Le preguntó Evelyn
-Eso, que la casa está embrujada y por eso se fueron los Tejeda.
-Ay, claro que no! Eres un tarado, como se te ocurre- Evelyn le tiró la gorra de un manotazo- A mi se me hace que ya estás grandecito para andarte creyendo esos cuentos, ¿O no, hermano?
-Es lo que dicen- respondió Luis y miró con recelo a su hermana mientras se acomodaba la gorra.
-Pues yo no creo en espantos, ya supéralo hermanito.
-Dicen que El Gorila entró a la casa...
-¿Y? El Gorila siempre se mete donde no debe, ¿Te acuerdas cuando terminó en el hospital por tratar de entrar a una fábrica abandonada? ¿Cuántas puntadas fueron?
-Ese no es el punto, hermanita, dicen que él también salió corriendo de ahí, que alcanzó a tomar la foto de ese algo que lo asustó.
-Sólo sea una foto de su propia jeta, dudo que haya visto algo de que asustarse.
-No te burles, él no quiso volver a la casa, ni siquiera con sus amigos, dijo que nadie debe intentar entrar ahí de nuevo.
-No estarás pensando...
-Eso justamente hermanita, pero quiero que me acompañes.
-¿Y como por qué vamos a ir a donde ni siquiera El Gorila quiere volver? El sabe mucho más que tú y que yo juntos de todo esto de meterse a lugares abandonados...y aún así la ha pasado mal en varias ocasiones. La verdad no entiendo que ganan metiéndose a esos lugares llenos de mugre y ratas.
-Nada, hermana, no se gana nada. Sólo se satisface la curiosidad. Qué nunca te has puesto a fantasear con colarte en algún lugar abandonado, mirar lo que dejaron y cómo lo dejaron, imaginar los últimos instantes en que la casa estuvo habitada, lo que se decía... Vamos, que sea la primera y, si tú quieres, la última vez que hagamos algo así.

Luis interpretó el silencio de su hermana al darse la vuelta para ir a la cocina, era claramente un "Vete al diablo"

Pasaron dos días, antes de que Luis le hiciera mención del asunto a Evelyn.

-¿Estás ocupada?
-¿Por?
-Voy a ir hoy, así que piénsalo bien, recuerda que es más fácil arrepentirse de lo que no se hace que de lo que se hace. Conseguí una cámara, no muy buena, pero es lo mejor que pude conseguir. Voy a ir hoy, si no vas, recuerda: ni una palabra a mamá, ¿Oíste?
-Déjalo ya, creí que ya lo habías olvidado, ¿Por qué tanta insistencia?
-Hace un par de noches, Beto, ¿Sí te acuerdas de Beto, verdad?
-Sí, tu amigo de la primaria...
-Bueno, Beto vive a dos cuadras de ahí, dice que regresaba del billar, que eran como las 10 y escuchó ruido dentro de la casa, como si alguien llorara.
-¿Y si Beto estaba borracho?
-Si Beto prueba una sola gota de alcohol y en su casa se llegan a dar cuenta en la vida lo vuelven a dejar salir, pongámoslo así: al menos La Cenicienta podía quedarse hasta las doce en la fiesta. Los papás de Beto son sobre protectores, mochos y así. Así que si Beto quiere probar aunque sea un poquito la noche, se tiene que portar bien. Así que no, dudo que estuviera borracho.
-Seguro algún indigente ya se metió ahí, y ese sí estaba borracho.
-Ay hermanita, en fin. Piénsalo, pero si no vas, advertida estás.

Llegó la noche, particularmente fría, el viento arrastraba el lamento de las ramas desnudas. Cerca de las once de la noche y la gente empezaba a refugiarse en la calidez de sus hogares. A lo lejos se escuchaba el rumor de música de alguna fiesta.

-No sé por qué tengo que ir.
-Te dije que lo pensaras, no que era a fuerza.
-¿Y que le iba a decir a mamá? ¿Que había dejado que te fueras a una casa abandonada? ¿Puedes imaginar como se iba a poner?
-Pudiste mentir.
-Soy mala con las mentiras, lo mejor que pude hacer es decirle que vamos a una fiesta, así que hagamos esto antes de que me arrepienta.

Tardaron cerca de 15 minutos en llegar a la casa. La facha era de lo más normal, los cristales estaban intactos, cosa que no esperaría uno encontrar en un sitio abandonado.

-Ya estamos aquí, yo veo todo muy normal, no hay ruidos, ni siluetas en las ventanas, ni nada, ni siquiera una forma fácil para entrar.-Dijo contemplando la fachada de la casa- Mira, yo creo que va a ser mejor que nos vayamos. ¿Luis? ¿Luis?- Por un momento lo había perdido de vista, sintió miedo.
-¿No me digas que ya te dio miedo, hermanita?- Dijo Luis desde arriba de un árbol, por el cual intentaba llegar a una ventana.
-¡Claro que no! Ya te dije que no creo en espantos, pero creo que es mala idea tratar de entrar...
-Cállate y sube, te ayudo.
Evelyn hizo un gesto de resignación y comenzó trepar el árbol. Las manos de su hermano alcanzaron su brazo y la ayudaron a terminar de subir.
-¿Si llegamos hasta la ventana? ¿Y si no está abierta?
-¡Shh! ¿Por dónde crees que entró El Gorila? Ya me había encargado de investigar antes de llegar aquí. Así que no te preocupes, está abierta.

Con mucho cuidado se acercaron a la ventana, entró primero Luis y ayudó a Evelyn a entrar, era la recámara de la hija de los Tejeda, una chica como de la edad de Evelyn, a la que nunca le hablaron.

-Pero... si están prácticamente todas sus cosas, ¿Qué crees que haya pasado?
-¡Y yo qué sé!- Contestó Evelyn- aunque, si no piensan regresar, supongo que a nadie le importará que tome esto- Dijo tomando unos lentes para el sol, que estaban sobre el buró.
-No se te ocurra, de eso no se trata esto. ¿Ok, hermanita?- Dijo tomando con fuerza la muñeca de Evelyn.
-Está bien, no te pongas así, no es para tanto. ¿Y ahora qué hacemos?
-No sé, explorar, supongo.
-Pues la casa no es tan grande.
-Presta oído, si escuchas o vez algo, me avisas.
-Eso tenlo por seguro.

Salieron de la recámara a una especie de sala, el espacio era muy amplio, había una puerta al fondo que daba hacia un baño, otras dos puertas una de la recámara de los Tejada, otra de un cuarto casi vacío.

-Vamos abajo.
-¡No! Mejor ya vámonos- Dijo Evelyn- Se va ha hacer más tarde, de verdad, ya vámonos.
-¿Tienes miedo, hermana?- Le preguntó Luis con una sonrisa burlona.
-La verdad... sí, un poco
-Vamos, no hay nada que temer.

Bajaron con mucho cuidado la escalera, en seguida estaba la sala, todo estaba ahí, parecía que de un momento a otro volverían los Tejeda.

-¡Shh! ¿Escuchaste eso?
-No juegues así, yo no escuché nada, ¿Es broma, verdad?

Luis hizo una seña a su hermana, para que guardara silencio y escuchara atentamente.

-Ya escuché, pero creo que es una rata.
-Es por allá, en la puerta que está por la sala.
-Ha de ser otro baño
-¡Vamos!
-No, ya sabes que me dan miedo las ratas. Mejor esperemos a que se vaya.
-¿Y si no es una rata?
-Entonces ya vendrá a buscarnos y... y... ya veremos que hacer en ese caso.

Luis y Evelyn se quedaron helados al escuchar algo que sonaba como una voz humana, un débil gemido de dolor. Se miraron uno al otro.

-Tú estás a cargo de esto- Dijo Luis, entregándole la cámara- Yo voy un par de metros adelante, ve tomando fotografías, si hay algo aquí quiero tener fotos.
-Sigo sin entender como es que me deje convencer de venir aquí-Dijo Evelyn, mientras encendía la cámara-¡Luis!-Llamó de pronto.
Luis giró rápidamente, alerta, hacia su hermana, quien disparó la cámara hacía él, cegándole un momento por el flash.
-Listo, ya tienes una foto.
-Qué graciosa hermanita, de verdad -Dijo Luis con amargura.
-¡Ash! No aguantas una broma!

Volvieron a escuchar ese débil lamento. Sintieron un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

-En serio, creo que viene de detrás de la puerta ese sonido.
-¿Y si los Tejeda sí están en el crimen organizado y ahí hay alguien secuestrado? ¿Te das cuenta? Nosotros no deberíamos meter las manos, es muy peligroso.
-Ya estamos aquí hermana, vamos al menos a dar un vistazo, dejemos esa puerta para el final. ¿Te late?
-Ok, sólo porque no pienso dejarte solo aquí, tengo que asegurarme que vuelvas con bien a casa- Dijo Evelyn sin convicción.

Entraron a la cocina, sorprendentemente todavía había electricidad en la casa, en el refrigerador encontraron incluso algunas latas de refresco. Vagaron por la casa sin encontrar gran cosa, todo estaba en relativo orden, no había en la casa nada que pareciera anormal, excepto el sonido que provenía de atrás de la puerta que no habían revisado...

-Bueno hermana, sólo falta revisar un lugar, tú siempre has dicho que es peor quedarse con las ganas de hacer las cosas, así que no nos vayamos sin revisar. ¿Sí?
Evelyn asintió, realmente se sentía aliviada de estar por concluir exitosamente su primer visita a una casa abandonada.

Luis abrió lentamente la puerta, ambos sentían latir su corazón muy fuerte, se escuchó ese lamento, ahora estaban seguros que era una voz de mujer. Se miraron, abrieron un poco más la puerta, Evelyn dirigió la luz de su lámpara hacia el interior: era un baño amplio.

-¡Cierra la puerta!- Dijo Evelyn exaltada- Vámonos, hay alguien ahí dentro.
-¿Y si necesita ayuda?
-¿Y si es un cadáver? No debimos venir.
-Pero ya estamos aquí, mira Evelyn, si es un cadáver no pasa nada, no podemos hacer nada por él o ella, pero tampoco le contará a nadie que estuvimos aquí.
-Sigo sin saber cómo es que me dejo convencer, pero creo que hasta cierto punto tienes razón.

Volvieron a la puerta, la abrieron con cuidado. Ahí estaba, tirada en el suelo, atada y amordazada la hija de los Tejada, la luz de las lámparas parecía lastimar sus ojos.

-¿Está bien?
-Es obvio que no está bien, Luis. ¿Y, qué hacemos?
-Trae algo del refri, lo que encuentres, debe tener hambre. Yo voy a desatarla.
-¿Seguro?
-Date prisa.

Evelyn salió del cuarto, llegó hasta el refrigerador y lo abrió. Estaba mirando qué podria servir todavía cuando escuchó los gritos de su hermano.

-¿Qué pasa? ¿Luis?- Grito aterrada mientras se acercaba al baño.

Había tirado su lámpara y no la encontraba, al estar cerca de la puerta del baño usó la cámara para iluminarse con el flash. Lo que vio fue horrible, aquella cosa, la hija de los Tejeda, no se comportaba como una persona, parecía más bien un animal rabioso, hambriento, Evelyn miró cómo eso desprendía trozos enteros de carne del cuerpo de su hermano. Efectivamente, estaba hambrienta. El monstruo clavó entonces su mirada en ella, Evelyn comprendió que había sido mala idea ir, pero también supo que era la primera y última vez que se metía en una casa abandonada.