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jueves, 31 de octubre de 2013

La casa embrujada

Para las alas de mi avión, gracias por darme motivos para seguir soñando.


Hacía unos 6 meses que los Tejeda habían dejado su casa, así sin más, de un día para otro. Al principio nadie lo había notado, los Tejeda no eran la familia más sociable de la calle, algunos vecinos creían incluso que se habían ido de vacaciones, pero con el correr de los días y la ausencia de movimiento en la casa despertaron los rumores: que si habían tenido un accidente, que si eran del crimen organizado y estaban prófugos, que si debían dinero... En fin, lo único cierto es que no se les vio más.

-Dicen que la casa está embrujada, que la última noche que pasaron ahí, fue tan horrible que decidieron abandonar la casa- comenzó a decir Luis de la nada.
-¿Qué?- Le preguntó Evelyn
-Eso, que la casa está embrujada y por eso se fueron los Tejeda.
-Ay, claro que no! Eres un tarado, como se te ocurre- Evelyn le tiró la gorra de un manotazo- A mi se me hace que ya estás grandecito para andarte creyendo esos cuentos, ¿O no, hermano?
-Es lo que dicen- respondió Luis y miró con recelo a su hermana mientras se acomodaba la gorra.
-Pues yo no creo en espantos, ya supéralo hermanito.
-Dicen que El Gorila entró a la casa...
-¿Y? El Gorila siempre se mete donde no debe, ¿Te acuerdas cuando terminó en el hospital por tratar de entrar a una fábrica abandonada? ¿Cuántas puntadas fueron?
-Ese no es el punto, hermanita, dicen que él también salió corriendo de ahí, que alcanzó a tomar la foto de ese algo que lo asustó.
-Sólo sea una foto de su propia jeta, dudo que haya visto algo de que asustarse.
-No te burles, él no quiso volver a la casa, ni siquiera con sus amigos, dijo que nadie debe intentar entrar ahí de nuevo.
-No estarás pensando...
-Eso justamente hermanita, pero quiero que me acompañes.
-¿Y como por qué vamos a ir a donde ni siquiera El Gorila quiere volver? El sabe mucho más que tú y que yo juntos de todo esto de meterse a lugares abandonados...y aún así la ha pasado mal en varias ocasiones. La verdad no entiendo que ganan metiéndose a esos lugares llenos de mugre y ratas.
-Nada, hermana, no se gana nada. Sólo se satisface la curiosidad. Qué nunca te has puesto a fantasear con colarte en algún lugar abandonado, mirar lo que dejaron y cómo lo dejaron, imaginar los últimos instantes en que la casa estuvo habitada, lo que se decía... Vamos, que sea la primera y, si tú quieres, la última vez que hagamos algo así.

Luis interpretó el silencio de su hermana al darse la vuelta para ir a la cocina, era claramente un "Vete al diablo"

Pasaron dos días, antes de que Luis le hiciera mención del asunto a Evelyn.

-¿Estás ocupada?
-¿Por?
-Voy a ir hoy, así que piénsalo bien, recuerda que es más fácil arrepentirse de lo que no se hace que de lo que se hace. Conseguí una cámara, no muy buena, pero es lo mejor que pude conseguir. Voy a ir hoy, si no vas, recuerda: ni una palabra a mamá, ¿Oíste?
-Déjalo ya, creí que ya lo habías olvidado, ¿Por qué tanta insistencia?
-Hace un par de noches, Beto, ¿Sí te acuerdas de Beto, verdad?
-Sí, tu amigo de la primaria...
-Bueno, Beto vive a dos cuadras de ahí, dice que regresaba del billar, que eran como las 10 y escuchó ruido dentro de la casa, como si alguien llorara.
-¿Y si Beto estaba borracho?
-Si Beto prueba una sola gota de alcohol y en su casa se llegan a dar cuenta en la vida lo vuelven a dejar salir, pongámoslo así: al menos La Cenicienta podía quedarse hasta las doce en la fiesta. Los papás de Beto son sobre protectores, mochos y así. Así que si Beto quiere probar aunque sea un poquito la noche, se tiene que portar bien. Así que no, dudo que estuviera borracho.
-Seguro algún indigente ya se metió ahí, y ese sí estaba borracho.
-Ay hermanita, en fin. Piénsalo, pero si no vas, advertida estás.

Llegó la noche, particularmente fría, el viento arrastraba el lamento de las ramas desnudas. Cerca de las once de la noche y la gente empezaba a refugiarse en la calidez de sus hogares. A lo lejos se escuchaba el rumor de música de alguna fiesta.

-No sé por qué tengo que ir.
-Te dije que lo pensaras, no que era a fuerza.
-¿Y que le iba a decir a mamá? ¿Que había dejado que te fueras a una casa abandonada? ¿Puedes imaginar como se iba a poner?
-Pudiste mentir.
-Soy mala con las mentiras, lo mejor que pude hacer es decirle que vamos a una fiesta, así que hagamos esto antes de que me arrepienta.

Tardaron cerca de 15 minutos en llegar a la casa. La facha era de lo más normal, los cristales estaban intactos, cosa que no esperaría uno encontrar en un sitio abandonado.

-Ya estamos aquí, yo veo todo muy normal, no hay ruidos, ni siluetas en las ventanas, ni nada, ni siquiera una forma fácil para entrar.-Dijo contemplando la fachada de la casa- Mira, yo creo que va a ser mejor que nos vayamos. ¿Luis? ¿Luis?- Por un momento lo había perdido de vista, sintió miedo.
-¿No me digas que ya te dio miedo, hermanita?- Dijo Luis desde arriba de un árbol, por el cual intentaba llegar a una ventana.
-¡Claro que no! Ya te dije que no creo en espantos, pero creo que es mala idea tratar de entrar...
-Cállate y sube, te ayudo.
Evelyn hizo un gesto de resignación y comenzó trepar el árbol. Las manos de su hermano alcanzaron su brazo y la ayudaron a terminar de subir.
-¿Si llegamos hasta la ventana? ¿Y si no está abierta?
-¡Shh! ¿Por dónde crees que entró El Gorila? Ya me había encargado de investigar antes de llegar aquí. Así que no te preocupes, está abierta.

Con mucho cuidado se acercaron a la ventana, entró primero Luis y ayudó a Evelyn a entrar, era la recámara de la hija de los Tejeda, una chica como de la edad de Evelyn, a la que nunca le hablaron.

-Pero... si están prácticamente todas sus cosas, ¿Qué crees que haya pasado?
-¡Y yo qué sé!- Contestó Evelyn- aunque, si no piensan regresar, supongo que a nadie le importará que tome esto- Dijo tomando unos lentes para el sol, que estaban sobre el buró.
-No se te ocurra, de eso no se trata esto. ¿Ok, hermanita?- Dijo tomando con fuerza la muñeca de Evelyn.
-Está bien, no te pongas así, no es para tanto. ¿Y ahora qué hacemos?
-No sé, explorar, supongo.
-Pues la casa no es tan grande.
-Presta oído, si escuchas o vez algo, me avisas.
-Eso tenlo por seguro.

Salieron de la recámara a una especie de sala, el espacio era muy amplio, había una puerta al fondo que daba hacia un baño, otras dos puertas una de la recámara de los Tejada, otra de un cuarto casi vacío.

-Vamos abajo.
-¡No! Mejor ya vámonos- Dijo Evelyn- Se va ha hacer más tarde, de verdad, ya vámonos.
-¿Tienes miedo, hermana?- Le preguntó Luis con una sonrisa burlona.
-La verdad... sí, un poco
-Vamos, no hay nada que temer.

Bajaron con mucho cuidado la escalera, en seguida estaba la sala, todo estaba ahí, parecía que de un momento a otro volverían los Tejeda.

-¡Shh! ¿Escuchaste eso?
-No juegues así, yo no escuché nada, ¿Es broma, verdad?

Luis hizo una seña a su hermana, para que guardara silencio y escuchara atentamente.

-Ya escuché, pero creo que es una rata.
-Es por allá, en la puerta que está por la sala.
-Ha de ser otro baño
-¡Vamos!
-No, ya sabes que me dan miedo las ratas. Mejor esperemos a que se vaya.
-¿Y si no es una rata?
-Entonces ya vendrá a buscarnos y... y... ya veremos que hacer en ese caso.

Luis y Evelyn se quedaron helados al escuchar algo que sonaba como una voz humana, un débil gemido de dolor. Se miraron uno al otro.

-Tú estás a cargo de esto- Dijo Luis, entregándole la cámara- Yo voy un par de metros adelante, ve tomando fotografías, si hay algo aquí quiero tener fotos.
-Sigo sin entender como es que me deje convencer de venir aquí-Dijo Evelyn, mientras encendía la cámara-¡Luis!-Llamó de pronto.
Luis giró rápidamente, alerta, hacia su hermana, quien disparó la cámara hacía él, cegándole un momento por el flash.
-Listo, ya tienes una foto.
-Qué graciosa hermanita, de verdad -Dijo Luis con amargura.
-¡Ash! No aguantas una broma!

Volvieron a escuchar ese débil lamento. Sintieron un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

-En serio, creo que viene de detrás de la puerta ese sonido.
-¿Y si los Tejeda sí están en el crimen organizado y ahí hay alguien secuestrado? ¿Te das cuenta? Nosotros no deberíamos meter las manos, es muy peligroso.
-Ya estamos aquí hermana, vamos al menos a dar un vistazo, dejemos esa puerta para el final. ¿Te late?
-Ok, sólo porque no pienso dejarte solo aquí, tengo que asegurarme que vuelvas con bien a casa- Dijo Evelyn sin convicción.

Entraron a la cocina, sorprendentemente todavía había electricidad en la casa, en el refrigerador encontraron incluso algunas latas de refresco. Vagaron por la casa sin encontrar gran cosa, todo estaba en relativo orden, no había en la casa nada que pareciera anormal, excepto el sonido que provenía de atrás de la puerta que no habían revisado...

-Bueno hermana, sólo falta revisar un lugar, tú siempre has dicho que es peor quedarse con las ganas de hacer las cosas, así que no nos vayamos sin revisar. ¿Sí?
Evelyn asintió, realmente se sentía aliviada de estar por concluir exitosamente su primer visita a una casa abandonada.

Luis abrió lentamente la puerta, ambos sentían latir su corazón muy fuerte, se escuchó ese lamento, ahora estaban seguros que era una voz de mujer. Se miraron, abrieron un poco más la puerta, Evelyn dirigió la luz de su lámpara hacia el interior: era un baño amplio.

-¡Cierra la puerta!- Dijo Evelyn exaltada- Vámonos, hay alguien ahí dentro.
-¿Y si necesita ayuda?
-¿Y si es un cadáver? No debimos venir.
-Pero ya estamos aquí, mira Evelyn, si es un cadáver no pasa nada, no podemos hacer nada por él o ella, pero tampoco le contará a nadie que estuvimos aquí.
-Sigo sin saber cómo es que me dejo convencer, pero creo que hasta cierto punto tienes razón.

Volvieron a la puerta, la abrieron con cuidado. Ahí estaba, tirada en el suelo, atada y amordazada la hija de los Tejada, la luz de las lámparas parecía lastimar sus ojos.

-¿Está bien?
-Es obvio que no está bien, Luis. ¿Y, qué hacemos?
-Trae algo del refri, lo que encuentres, debe tener hambre. Yo voy a desatarla.
-¿Seguro?
-Date prisa.

Evelyn salió del cuarto, llegó hasta el refrigerador y lo abrió. Estaba mirando qué podria servir todavía cuando escuchó los gritos de su hermano.

-¿Qué pasa? ¿Luis?- Grito aterrada mientras se acercaba al baño.

Había tirado su lámpara y no la encontraba, al estar cerca de la puerta del baño usó la cámara para iluminarse con el flash. Lo que vio fue horrible, aquella cosa, la hija de los Tejeda, no se comportaba como una persona, parecía más bien un animal rabioso, hambriento, Evelyn miró cómo eso desprendía trozos enteros de carne del cuerpo de su hermano. Efectivamente, estaba hambrienta. El monstruo clavó entonces su mirada en ella, Evelyn comprendió que había sido mala idea ir, pero también supo que era la primera y última vez que se metía en una casa abandonada.

domingo, 30 de octubre de 2011

El espejo

Aquella casa era todo, todo por cuanto había luchado, era el símbolo de su nueva vida. Era un lugar amplio y Valeria se preguntaba qué haría con tanto espacio, tenía pocos muebles, apenas los suficientes para dar la vaga idea de una sala o la cocina. Su recámara era casi perfecta, muy bien iluminada, podría haber dicho que no faltaba ni sobraba, de no haber sido por ese horrendo espejo que estaba ahí, desde que llegó a la casa. Como era de cuerpo entero lo dejó en su cuarto, aunque no le terminaba de agradar.

Las primeras noches tuvo problemas para conciliar el sueño, después de todo, no estaba acostumbrada a los sonidos de una casa, al menos, no en completa soledad, un rechinido, un crujir de madera, un ligero golpecillo, en fin, una gama interminable de ruidos salidos de quién sabe dónde. Tardo cerca de una semana en "acostumbrarse" a esa clase de ruidos, más bien, aprendió a ignorarlos casi por completo.

Todo transcurría con normalidad, llevaba ya tres meses en aquel sitio, cuando decidió hacerle unos arreglos, una mano de pintura aquí, otro poco allá y luciría mucho mejor. Justo un día antes, un aguacero la tomó desprevenida y el sábado que comenzaría su labor tuvo que dedicarlo al reposo. Justo ese día, la paz que había conquistado se vería interrumpida...

Desde la mañana del sábado, el cielo venía anunciando una tormenta, como la del día anterior. Grises nubarrones hacían la invitación a quedarse en casa. "¡Cómo sea!" Pensó Valeria, hacía años que no se enfermaba y al no tener preocupaciones de por medio, decidió quedarse todo el día en casa. Tal como se encontraba, el ir de su cuarto a la cocina y de vuelta era toda una hazaña. Cayó en un profundo sueño, que sólo se vio interrumpido por la sensación de hambre, para entonces la oscuridad se había derramado sobre la ciudad y una silenciosa fiebre se apoderaba de su cuerpo. Se preparó un té y comió una pera. Encendió el televisor, pero una vez más el sueño la venció. La fiebre iba en aumento y con ella las visiones que se presentaban en el sueño. De pronto tenía cinco años y era testigo de como moría atropellado su perro; volvía a esa Navidad, que terminó con una pelea entre su hermano y su padre. De pronto, oscuridad, un lejano sonido de pasos, oscuridad y el sonido de unos pasos, más fuerte, más cerca, ¡En su cuarto!
Abrió los ojos y con una tenue luz colándose por la ventan miró alrededor, nada... se dispuso a dormir de nuevo, súbitamente abrió los ojos y miró directamente sobre su cama, quedó paralizada al darse cuenta de que una mujer se encontraba de pie en el techo, parada como si la casa estuviera invertida, la mujer comenzó a andar, de ahí el sonido de los pasos, rápidamente se cubrió la cara, a tientas encendió la luz, volvió a mirar, pero... nada había ya sobre su cabeza. "Seguía muy dormida" se dijo, aunque era más un intento de convencerse de que aquella visión no fue real, lo cierto es que nunca lo sabría. Pasó el resto de la noche con la luz encendida. La mañana del domingo transcurrió con relativa calma, lo cierto es que comenzaba a sentirse observada e intranquila en su propia casa, a fuerza de pastillas, había controlado el malestar, lo cual le aseguraba un mejor descanso. miraba el televisor, eran cerca de las diez cuando decidió dormir, recorrió la casa, sólo para sentirse más tranquila, necesitaba tener la certeza de estar sola. Apagó la televisión, la luz, se cubrió y cerró los ojos, habían transcurrido ya varias horas de placentero sueño, pero nuevamente sintió la inquietud que una noche antes le había provocado el encuentro con esa extraña visión.Nuevamente despertó, con miedo miró de nuevo al techo, pero no encontró nada, justo cuando creía que no era nada, notó que justo frente a su cama estaba el espejo y en él la misma figura de la noche anterior, sólo que mirándola fijamente. Encendió la luz, no logró dormir el resto de la noche. Por la mañana llamo al trabajo, no se sentía en condiciones para trabajar. Durmió hasta medio día, cuando por fin se levantó, decidió llevarse el espejo a una habitación que hasta entonces permanecía vacía. Lo dejó ahí y lo cubrió con una sábana.
La calma llegaba de nuevo, así la semana transcurrió con normalidad. Con todo no se libraba de cierta inquietud que sentía cuando la noche la encontraba sola en casa. El jueves llegó más tarde de lo acostumbrado, demasiado trabajo, sólo quería dormir y olvidarse de todo al menos unas horas. Entró a su cuarto y decidió darse un baño para relajarse, pero al salir unas ganas de huir se apoderaron de ella, al ver el espejo que días entes había sacado, justo frente a ella. "No, no, no, no es posible, debe ser una broma, no,no, no" Repetía con la poca voz que dejaba salir el nudo que se había formado en su garganta, no comprendía cómo o por qué el espejo había llegado a ese sitio. Sentía que de un momento a otro enloquecería. Cerró los ojos, respiró profundo, decidió sacar aquel objeto por segunda vez de su habitación. Esta vez cerró con llave la habitación donde guardara el espejo. Se encerró con llave también y tomó un par de pastillas que la ayudarían a conciliar el sueño, esta vez realmente deseaba olvidarse de todo. Durmió profundamente, sin sueños ni pesadillas, sin ruidos. Al despertar se dijo a sí misma que nunca había pasado una noche tan tranquila, desde que llegó a esa casa, como aquella. Ese día en particular sentía entusiasmo, ya que se reuniría con una amiga a la que no había visto desde hacía varios meses.

Después de un largo día, se encontró con su amiga en un bar, que frecuentaban cuando eran más jóvenes, poco a poco la gente se hacía menos. La noche discurría entre copas y palabras, pero Valeria sólo se sentía ebria de felicidad, su amiga era como una hermana y saber que se encontraba bien la llenaba de alegría. Se hacía tarde, se despidieron dejando la promesa de una próxima vez.

Llegó a su casa rendida, pero feliz, entró a su cuarto y lo que encontró le heló la sangre y su conciencia, medio disuelta en alcohol, se agolpó de pronto en su cabeza: ¡El espejo estaba ahí! En un violento movimiento tomó cuanto objeto tenía a la mano y lo lanzó directo al espejo, una y otra vez, hasta que no tuvo más que arrojar, pero en el espejo apenas se veía una fisura por la que brotaba un débil hilillo de sangre.

Haciendo acopio de valor tomó el espejo y decidió sacarlo de la casa; conforme avanzaba el espejo se fracturaba, cientos de fragmentos cobraban vida y se unían para formar una siniestra garra que la tomaba por el brazo y lentamente comenzaba a hundirse en su piel. El dolor calaba profundamente, pero no quería volver a ver ese objeto, dio tres pasos más y notó que comenzaba a dibujarse un rastro de sangre, su sangre, sin importar nada siguió avanzando, sintió aquel dolor en su brazo cada vez más profundo, el peso del espejo cada vez fue mayor, hasta hacerle imposible moverlo un centímetro más. Con un grito ahogado se apartó del espejo y se refugió en su cuarto, llorando hasta quedarse dormida, despertó horas más tarde, el dolor en el brazo era insoportable, sus sábanas estaban manchadas, el piso estaba manchado, aquello no había sido un sueño y eso la horrorizaba, no había forma de escapar, lo que se suponía debía ser su refugio se convirtió en su infierno personal.

¿Había enloquecido? Sólo sabía que cada vez que intentaba huir, el trayecto hacia la puerta se hacía cada vez más largo, sin importar cuánto corriera, la puerta era inalcanzable. Perdió la noción del tiempo, parecía que en esa casa se había instalado una noche perpetua. Se sentía débil, desesperada, aletargada, de pronto un ruido en particular la hizo ponerse alerta, comenzó a escuchar un llanto tan desgarrador que sintió compasión, recordó que algunas ocasiones esos "seres" sólo necesitan ayuda para cumplir con sus pendientes y tener así descanso eterno, según le dijeron alguna vez. Despacio se fue moviendo, un poco por miedo, otro poco porque su cuerpo apenas lograba sostenerse, pero la esperanza de al fin acabar con su martirio, la motivaba. El espejo estaba en la habitación vacía, el llanto provenía de ahí, Valeria entró y observó a aquella mujer en el espejo, las miradas se encontraron y Valeria logró percibir un gran dolor. Aquellos ojos fantasmales estaban habitados por la más profunda de las tristezas, Valeria se sintió conmovida, avanzó hacia ese ser que la miraba con ojos suplicantes. Avanzó hasta estar de frente a ella, pero la mujer en el espejo agachó la vista, se cubrió la cara con las manos, "Te quiero ayudar" dijo, con voz apenas audible, pero por respuesta obtuvo un sollozo. "Dime que necesitas" Insistió, pero la figura susurró algo débilmente, Valeria se acercó más, un poco más, hasta sentir el frío del cristal contra su piel. "¡Estúpida!" le gritó aquella mujer al tiempo que se descubría revelando sus demoniacas facciones. Valeria intentó huir, pero su debilidad no le permitió moverse. Aquella figura le tomó por los brazos, el corazón de Valeria latía con fuerza y muy rápido. El rostro de aquella figura se transformaba otra vez, Valeria quedó horrorizada al reconocer en aquel rostro a la mujer que le había alquilado la casa... Aquel ser acercó su boca a la de Valeria y en un macabro beso le arrancó la vida.

Encontraron el cuerpo, o lo que de él quedaba, un par de días después, la versión oficial hablaba de suicidio, para los vecinos Valeria fue otra víctima más de aquella casa, que según contaban siempre las elegía jóvenes y solteras.

lunes, 21 de febrero de 2011

El eco.

Camargo miraba los documentos pensativo.
"10:45PM. Inicio el recorrido del sector 74-G." Era así como iniciaba el reporte del elemento 203-A-51, García. El sector 74-G siempre le había causado problemas, por alguna razón nunca había elementos que duraran, pedían un cambio al poco, sin dar mayor explicación, hasta tres días antes, cuando García se presentara a renunciar, con un informe que poco tenía que ver con lo que le relató.

-Señor, no puse nada de esto en el informe porque sabe Usted que estaría fuera de lugar. Simplemente no sé dónde poner esa información, por eso es que le he contado todo-Dijo García antes de retirarse.

"11:00 PM. Comienzo la revisión en el área clausurada del sector 74-G" Continuaba el reporte.

-Ahí no había mucho, Camargo; al final de las oficinas, una puerta que sabíamos tenía varias semanas de la última inspección. Detrás de ella un largo corredor, sin ventanas con cajas de archivo muerto apilado a ambos lados.

-¿A dónde quiere llegar con esos detalles, García?

-Ya sé porqué se van. Camargo permítame continuar. Revisé hasta el fondo, sin encontrar nada relevante, llegué a la puerta y procedía a cerrrarla. Es una puerta vieja, muy pesada, por ser un acceso que no se usa, no recibe mantenimiento; al cerrarla claramente escuché caer algunas cajas, por lo que abrí de inmediato, pero nada, todo estaba en su lugar. Juro que escuché el golpe de la puerta al cerrarse rebotar contra el muro del fondo, el rechinar de las bisagras hizo que se me erizara la piel. Sé que esto puede parecer que no tiene relación con la rotación de personal, pero le aseguro, vale la pena escuchar.
Di unos pasos y parecía que el eco se acercaba- continuó García- intenté conservar la calma, imagine lo absurdo que habría sido incluir en el informe el miedo que sentí. Respiré profundo y seguí el recorrido. Al llegar al cruce con el siguiente pasillo tuve una sensación inexplicable, entré en estado de alerta sin un riesgo visible. Al apagar la primer luz el nervio incrementó. Seguí avanzando en el recorrido. Un corredor de oficinas a mano derecha. Verifiqué que las oficinas estuvieran cerradas, a medio pasillo estaba el siguiente interruptor, que dejaba en penumbra el corredor entero, encendí mi lámpara. Comencé a sentir cómo se me aceleraba el corazón...

"11:15PM. Primer pasillo de oficinas." Camargo hizo una pausa, pensando lo extraño que era relacionar el informe con la historia de García, ya que nada tenían que ver.

-Di vuelta a la izquierda en el siguiente corredor- dijo García- cada paso que daba incrementaba la sensación de que "algo" me seguía, aún escuchaba el eco de la puerta. No estaba solo, una presencia se acercaba. El corazón se me aceleró, las manos comenzaron a sudarme, apreté el paso. El corredor de las bodegas en las que se almacena el inventario de electrónica. Me sentí observado. La presencia se hizo más grande, las llaves en mis manos tintineaban. Cada luz que apagaba, cada paso, crecía "eso" que me seguía. El sudor corría por mi frente.

"11:30PM. Sala de informática."

-Al pasar por el área de informática, iba al trote, la urgencia por salir me invitaba a no revisar más. Pero en este tiempo he sido un buen elemento. Entré a la sala de informática, apagué las luces, cerré la puerta, tenía ya la respiración agitada, "eso" ya estaba cerca. Llegué al final del corredor, di vuelta a la izquierda, en el pasillo de la sala de juntas. A oscuras el lugar se veía tétrico y con la sensación de peligro inminente me horrorizó. Crucé rápidamente el corredor, cerré las puertas, aquello venía por mí, estaba cerca; quería gritar, pero sabía que nadie vendría, intenté usar el radio, pero parecía no funcionar, lo que sea que ahí estuviera no me permitía comunicarme con los elementos de los sectores cercanos.

-La presencia en mi mente iba tomando forma- dijo García- era un hombre de pesadas pisadas, brazos fuertes, muy alto y venía por mí, furioso. Corrí, llegué al comedor, apagué las luces, el sudor ya mojaba mi camisa, cerré las puertas, escuchaba ya mi propio corazón. Estaba a tan sólo dos puertas de finalizar el recorrido, crucé la primera y escuché ruido en el comedor, como si lanzaran los muebles contra la pared, no me importó, no podía darme el lujo de volver a revisar, aquello estaba cerca y el eco del pasillo clausurado iba aumentando, lo escuchaba como si estuviera a mi lado. Dando traspiés crucé la penúltima puerta y con torpeza la cerré, seguí corriendo, apagué las luces, escuché como si alguien golpeara con el puño en el muro; llegué a la sala de espera, sentía ya la desesperación, el miedo, como si hubiese hecho algo y vinieran a castigarme. Llegaba ya a la última puerta, a tan sólo unos pasos y escuché la puerta que acababa de cerrar abrirse de golpe, el corazón se me saldría de un momento a otro y las lágrimas no me dejaban ver claramente. En un intento desesperado por alcanzar la puerta y ponerme a salvo, corrí más de prisa; los nervios me traicionaron, tropecé, las llaves se me cayeron, no las encontraba, era tarde: aquello estaba ahí, pude sentir cómo venía sobre mí con toda violencia. Cerré los ojos... nada pasó ni siquiera una leve sacudida. Tomé la lámpara y busqué las llaves, que todo el tiempo estuvieron junto a mi mano. Cerré, termine mi reporte y ahora estoy aquí. Renuncio, no pienso volver nunca al sector 74-G.

"Sin novedad" Concluía el informe. Camargo notó el trazo irregular, evidentemente provocado por el estado nervioso, recordó la palidez de García.

Hacía tres días de ese evento, nadie había vuelto al 74-G, el sector más pequeño y problemático del complejo industrial.

-Camargo, deberías echar un vistazo a esto- dijo uno de sus compañeros y le acercó unas hojas.

-Gracias, Ramirez-Dijo tomando los papeles.

Era la historia de un asesinato cometido muchos años atrás en el sector 74-G, mucho antes de ser
un complejo industrial, las líneas narraban la forma violenta en que un padre cegado por la ira había matado a su hija, para luego suicidarse. Pero fue al llegar a la siguiente hoja que se le heló la sangre, era un recorte del periódico, García se había suicidado el día anterior, después de asesinar a su familia...