domingo, 18 de junio de 2017

Justicia

Te miro desde una cuadra antes, sé que entre todas yo soy la elegida y me complace saberlo, me he preparado especialmente para la ocasión.
Te acercas, pactamos un precio y subo a tu coche. Todo el viaje está lleno de silencio, claro, ni tú ni yo tenemos que hablar.
Llegamos al hotel que es viejo y parece un lugar bastante sucio, debes notar mi cara de repugnancia.
-Mira putita, no venimos a que critiques la decoración
Y es verdad, nuestro asunto es otro.
Pides un cuarto, subimos. Apenas cierras la puerta me empujas hacia la cama, me dejo hacer.
Besas ansiosamente mi cuello, algo dentro de mí despierta.
Tocas mis piernas, subes mi falda. Hoy me vestí especialmente para ti.
Tus gruesas manos intentan con torpeza desabrochar mi blusa, no importa: arrancas los botones de un tirón.
Hay alcohol en tu aliento y siento el impulso de rechazar tus besos pero me sostienes del mentón y siento tu lengua entrar en mi boca como una serpiente ciega que busca su nido. Ese algo en mí interior va cobrando fuerza.
Te sientes poderoso cuando tiras de mi blusa y la desgarras, quiero empujarte pero me contengo, tus manos ansiosas recorren mi cuerpo y vuelven a bajar.
Siento tus tosco tacto jalando mi ropa interior, la haces a un lado y tus dedos se abren camino hacia mi sexo, duele tanto, pero no te importa, esta cita es sólo para ti. Puedo ver incluso que disfrutas de mi dolor.
Te apartas un momento, bajas tu pantalón y la ropa interior, dejas ver tu miembro inflamado de deseo. Regresas a mí y con fuerza embistes, te cuesta mucho entrar, llenas de saliva tu mano y acaricias tu pene. Vuelves.
Duele.
Intento soportar lo mejor que puedo. Estás a punto de terminar, lo noto y ese algo en mí termina de despertar.
A tientas alcanzo mi bolsa en la cama y busco dentro de ella.
Concentrado como estás en tu placer no lo notas. Tus gestos lo anuncian, estás alcanzando el orgasmo.
Cierras los ojos, te vienes. Los abres súbitamente al sentir el golpe de mi puñal en el cuello, un hilo de vida brota de la herida. Lo clavo una, dos, tres veces, intentas gritar pero es tarde, todo lo que se escucha es sólo aire luchando para salir de tu garganta.
Tu sangre caliente me baña mientras lucho por librarme del peso de tu cuerpo.
No, no me elegiste. Esto no fue casualidad.
-¿No me recuerdas? Hace mucho me violaste, cerdo -te digo al oído mientras la vida todavía te acompaña.
Ha sido un largo tiempo de espera, este momento fue planeado con antelación. Cuando muchas veces tropecé contigo en el supermercado o marqué tu número pretendiendo intentar contactar a alguien más. Solo buscaba hacerme un lugar en tu inconsciente y lo logré.
Ahora estás muerto y sé que tu sangre nunca lavará el daño que me hiciste, esperaré a la policía sentada junto a ti.

sábado, 20 de mayo de 2017

Versos del olvido

Ojalá terminaras de dolerme un día, amor de la vida. Que la vida entera sin ti se llenará de rabia, pero también de valor. Ojalá dejaras de dolerme, amor dejar de ser fuego en mis venas, ceniza de mi pasión, vida en mi mirar Ojalá soltarte fuera fácil. Abrazo cristales rotos y dejarlos me dolerá. Serás herida que sangra. Ojalá dejarte amor fuera olvido, y ojalá el olvido fuera anestesia. Pero es hierro que arde y aunque quema no soltamos Ojalá fuera fin y no principio, amor amor de la vida amor de la muerte Ojalá esto fuera en verdad un final Ojalá acabáramos tu y yo, amor sin tenernos que empezar pero somos líneas que de nuevo, en otro punto se han de trazar Ojalá no dolieras, amor de la vida, simplemente: ojalá

lunes, 8 de mayo de 2017

Oración pagana

Que tus manos rieguen sobre mi cuerpo su pecado
¡te lo ruego señor!
Dios de carne, sé mi guía, sé alimento
báñame con tu sudor
¡te lo ruego señor!
Que mis gemidos sean antesala al paraíso
¡te lo ruego señor!
Bendice con tu boca cada rincón de mi cuerpo
¡te lo ruego señor!
Bésame hasta que duela, como penitencia
¡te lo ruego señor!
Permíteme sentir tu fuerza
¡te lo ruego señor!
Hazme prisionera de tus brazos
¡te lo ruego señor!
Deja rendido mi cuerpo, satisfecha mi alma
¡te lo ruego señor!
Inunda mi boca con tu sabor
y de rodillas permite que reciba
el bautismo de tu carne y la lujuria
¡te lo ruego señor!



domingo, 23 de abril de 2017

Un par de ¿poemas?

Desde siempre ha sido mi conflicto cada que me siento a escribir y termina en verso aquello que escribo, nunca me he atrevido a llamar poema a tales textos. Una vez hecha la aclaración, siéntase en total confianza de leer y catalogar las letras aquí presentadas de la forma en que mejor lo considere.


Texto #1

Tómame como misión suicida,
sé dueño de todas mis muertes.
Con tus labios, hierro candente,
enciende ya mi piel que te ansía.
Sé prisión, sé tortura,
arráncame la voz con tus caricias,
róbame el aire, agita mi corazón,
hazme arder bajo tu piel.
Nubla mi mente y bésame
hasta que al fin olvide mi pudor,
convierte mi respiración agitada
en poesía mundana.
Deja que el calor funda nuestros cuerpos,
hazme gritar, hazme estallar
y deja que por un momento
recuerde que no he muerto.



Texto #2 o A la musa (o algo así)

Ella está ahí, para que dejes salir tu rabia a cuentagotas,
en versitos hirientes que a nadie dañan,
más que a ti.
Aquí está, abriendo de par en par las piernas
para que bebas de su elixir
y la embriaguez te lleve a otras tierras
Donde tú no seas tú, donde tus miedos te den risa,
donde tu cara sea una bonita máscara
que todos quieren comprar.
Úsala, muérdela, dergárrala,
ella está ahí para ti.
Para que de tajo arranques
tus dolores en un aullido-prosa
Para que te expongas y proyectes
tus dudas y temores
porque cuando ella está
todo parece una masa blanda
que a nadie puede lastimar.
La escupes y la maldices
otra noche más.
Sabes que cualquier día
ella vendrá otra vez.
Tocará tu puerta,
se desnudará para ti
y de un roce hará tu mente estallar.
Ella no busca ternura,
busca la rabia honesta,
tu caricia violenta,
tu éxtasis de moribundo.
Porque ella también te escupe y te maldice
justo antes de cerrar la puerta.
Sabe perfectamente que te quedarás ahí,
llorando, desnudo,
esperando por su próximo encuentro.

lunes, 10 de abril de 2017

María Luisa

Nota: La idea del texto a continuación nació luego de haber leído "Organillero" en el blog Voces de un ratito. Gracias por la inspiración.


Lupita descubrió a María Luisa mirando otra vez al organillero, inmóvil como quien teme espantar un pajarillo en el balcón, estaba a una distancia prudente mientras escuchaba el vals que de los cilindros nacía. Él nunca se fijaba en ella, solo tenía ojos para la señorita que siempre iba sola al café.

-¡Ay, manita! Otra vez perdiendo el tiempo, ya mejor métele prisa porque no vas a acabar de vender- le insistió Lupita.

-Solo un minuto más- respondió sin apenas mirarla, desde su lugar contemplaba la escena mientras soltaba un largo suspiro, imaginaba que la música era para ella esta vez, ansiaba que algún día él la viera con los mismos ojos, pero en el fondo tenía miedo y evitaba a toda costa su encuentro.

La música terminó de golpe, vieron a la señorita emprender el camino y detrás de ella la mirada del organillero; cuando ya no se le distinguió más, éste tomó su instrumento y echó a andar mientras charlaba con su compañero.

Lupita no sabía quién le daba más lástima, si la solitaria señorita del café, el organillero que la miraba o la Luisa, irremediablemente prendada de aquél hombre que ni siquiera sabía que existía.

-Serás taruga, manita, pero allá tú. Para mí que alguien en otro lugar se muere de ganas por noviar contigo y tú aquí, mirando a ese fulano que ni sabe de ti. Tú sabrás. A ver, dame un ramo de gardenias, que a la patrona le gustan harto, nos vemos mañana- Dijo Lupita y caminó de vuelta rumbo de la casa donde ella era la muchacha de más confianza.

Se hacía tarde, pero era jueves y la buena venta siempre era el sábado, a María Luisa poco le importó. Hoy, como todos los días que le quedaba mercancía, iría a la iglesia a ofrendar a los santitos olvidados parte de las flores que no había vendido.

Se sentó en una banca del jardín a contar la ganancia del día, la verdad que no le había ido tan mal. Como acostumbraba, hizo su visita a la iglesia. Ya más ligera de carga caminó rumbo de su casa. La luz se extinguía ya, la temperatura empezaba a descender y las ramas se mecían al compás de una inaudible melodía. Se decidió a entrar en la cafetería, pero ella se sentó en un rincón y mientras bebía un dulce y muy caliente café retiró el cabello suelto que tapaba parte de su cara. Así, con la mano tibia, recorrió la cicatriz que tenía en la mejilla y suspiró mientras en su cabeza sonaba una vez más el vals.







martes, 1 de noviembre de 2016

Todo, menos el olvido

Fue sucediendo tan despacio, que no tuve forma de notarlo.
Al principio mi hija me visitaba con frecuencia, para ver que estuviera bien y para contarme de mis nietas. Dos de ellas se fueron de casa al conseguir una buena oportunidad de trabajo y la más chica seguía estudiando. Nunca fue especialmente aplicada ni obediente. 

—¡Ay, mamá, si vieras lo bonita que es la casa de Martina! Se la acaban de entregar hace seis meses y está muy contenta. Me mandó muchas fotos, ojalá se me haga visitarla pronto.
—Algún día la visitarás, no te apures, hija.
—-De verdad espero poder visitarla. ¡Ay! Cómo extraño a Margarita y eso que apenas hablé con ella ayer. Al parecer le van a dar un nuevo puesto, pero se irá más lejos. Ojalá Gloria tuviera un poco de sus hermanas, desde que se juntó... 

Gloria era una muchacha algo rebelde, pero no mala. Cuando se juntó, las cosas cambiaron mucho, ella y mi hija empezaron a tener problemas; mi hija se la pasaba cansada día y noche de atender a su hija y a su familia.  Sus visitas se fueron espaciando cada vez más y se fueron llenando de silencios, siempre con prisa por volver para cuidar a su nietecito, Darío, pero al menos me visitaba. 

Un domingo ella se había levantado muy temprano y se disponía a salir.

—¿Vas a salir, mamá? —dijo Gloria.
—Sí, ya en unos quince minutos me voy.
—Ah... es que... Fernando y yo te queremos encargar al niño.
—Qué pena, hija, voy a ver a tu abuela, no puedo.
—¡Ay, mamá! Ir hoy o cualquier otro día ¿Qué diferencia hace? Igual, ella no va a regresar.

Y entonces, pasó: sentí un ardor en el alma, una mezcla de coraje y miedo me recorrió súbitamente. Apreté los puños, me hormigueaban las manos, me contuve de gritar, pero mi cuerpo se movió con una agilidad que hacía mucho ya había perdido.
Todo fue confuso cuando el vaso estalló en algún punto entre la mesa y el suelo. 

Ahí fue donde entendí que los muertos soportamos todo, menos el olvido.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Escribo todos los días

Desde que leí El manifiesto no he dejado de pensar en muchos de los puntos, pero particularmente uno me taladra la cabeza, ya saben, así como cuando crees que el amor de tu vida pasó y le dejaste marchar y entonces le dedicas mil y un pensamientos al día, día tras día. Así cuando leí "escribo todos los días" ¡Pum! Hola fantasmas, ahora me persiguen, me acosan y me acusan "¿Cómo puedes seguir viva? ¿O es que ya no estás ahí?" No los culpo, es muy fácil posponer, dejar de lado ciertas cosas y andar con el engranaje roto corazón adentro, nadie lo nota: las facturas se siguen pagando, uno va haciendo antigüedad en el trabajo, la casa se asea y un montón de cosas más que se supone haga, "cosas de a de veras". Pero aunque los sueño se empolvan, no se echan a perder y siempre encuentran la forma de reprochar el abandono, "escribo todos los días" fue el detonante.

¿Por qué escribir todos los días?

Debo confesar que hay días en los que no escribo, a veces sólo imagino que escribo, hago un ejercicio mental en el que describo mi entorno, el momento en el que me encuentro y a raíz de ahí comienzo a divagar, es así como le "robo" algunos minutos a mi godinez y echo a andar la imaginación, finalmente creo que es una de las principales razones para escribir todos los días.
Escribir todos los días es entrenar, es desarrollar la habilidad.

Un mantra para no dejar que se extinga la pasión

De todo el manifiesto, esa frase se me quedó con más fuerza, decidí hacerla mía y repetirla a diario, aferrarme a ella con todo mi ser por todo cuanto significa para mí el acto de escribir, éste va más allá de lo que cada una de las palabras que la conforman pueda decir. Quizá solo aquel que tiene una pasión que le da sentido a su propia existencia sabe como se siente, aunque eso no lo sé, yo sólo conozco lo que me provoca la frase "escribo todos lo días", porque escribir me brinda un sentimiento muy chingón que no pienso volver a soltar.